3.- LA VERDAD COMO
COMPLEMENTO ARTIFICIOSO DE LA REALIDAD
Volvamos a la
actualidad, recordemos la definición del espacio tiempo que he planteado para
comprender la era globalizada, como un aquí y ahora permanente. Donde pasado y
futuro son actualizados y por tanto revivenciados a partir de una voluntad de
citación que tiene intereses en esa cita.
La condición de
construcción artificiosa de la realidad tiene una dimensión espacial que se
identifica con la globalización, es decir, todo el planeta, más las esferas
satelitales y las trayectorias de las naves espaciales, esa es la escala en la
que hoy existe esta ingeniería del consenso y señala la amplitud de las
operaciones psicológicas.
También hay que
diferenciar dos grados en que esta ingeniería del consenso funciona, a saber:
la ficción publicitaria (donde somos todos rubios de ojos claros), debe ser
entendida como ficción blanda, y, la ficción estratégica (donde los
comunistas devoran lactantes), debe ser entendida como ficción dura. Sin
embargo, en los últimos 50 años todos hemos recibido indiferenciadas cantidades
de ambos grados de ficción. Y a partir de esta experiencia social y personal
todos hemos generado una visión de mundo dentro de la cual la ficción está profundamente
integrada.
La posibilidad de
desprogramar nuestras mentes está en el objetivo de varios medios de
información de carácter crítico, pero la vivenciación del espacio tiempo como
aquí y ahora permanente, que es reforzada por los usos de internet y por su
omnipresencia, nos colocan en una situación distinta; ser desprogramado implica
aceptar las verdades puestas al descubierto por Chomsky y otros, pero
precisamente esto, que podría resultar fácil y directo en realidad nos coloca
en la condición de aceptar la ficción como realidad, incluso conociendo su base
de construcción publicitaria o propagandística.
La ficción se hace
real no sólo porque hayamos vivenciado esa ficción como realidad, sino porque
esa ficción ha operado como realidad en el mundo. Esta condición humana,
en la que debemos aceptar operar en base a la mentira rampante, aun siendo
conscientes de ello, nos convierte –en los términos de Chomsky– en sociedades y
personas cínicas[1]. Sabemos que
es mentira pero no podemos operar de otra manera, la mentira así se transforma
si no en verdad, al menos en realidad palpable.
En estas
condiciones, enterarse de verdades reveladas por filtraciones o por liberación
de papeles clasificados, implica aceptar que esas verdades no son tan reales y
operativas como la ficción que las encubre o encubría. Nos vemos así obligados
al cinismo, un cinismo operativo que denominamos normalidad. La gente es
consciente de que es manipulada, de que no puede creer en las versiones
oficiales, ni en las informaciones de la prensa, ni en los mensajes
corporativos, etc. Este es el suelo de una sociedad cínica, pero que opera.
Borges y Carroll nos permiten darle un contexto que supera el cinismo, lo jocoso. En el humor, en la burla, en la broma, existe una posibilidad vivencial que nos permite aceptar una cotideanidad irresoluble, donde verdad y ficción pueden ser sintetizados por un lugar de nuestra mente que está dispuesta a sortear la gravedad de los hechos y sus contradicciones, a darle valor positivo en la sonrisa y la risa. Se realiza así la contemporización fenomenológica en el humor.
La verdad no solo se restringe a la definición nietzscheana por su valor extra moral, además la verdad se transforma en un artilugio del discurso, y en cualquier caso en un componente no central del devenir. Al llegar al punto de mencionar el humor borgiano, como constitución de normalidad, podemos decir que entramos a un fin del camino. Ficción y realidad se identifican, como verdad y discurso se identifican. Arribamos así a la cuestión central de la actualidad, el devenir constante del mundo construye una normalidad que no puede ser alterada sino por la potencia de un accidente general, tal como plantea Paul Virilio siguiendo a Teilhard de Chardin[2]. Por tanto, esta normalidad no tiene un valor fijo, sino un valor en términos percepcionales. Es la percepción de normalidad lo que se puede construir artificiosamente como realidad cotidiana.
[1] Entrevista con Francine Stocks. BBC4, diciembre 2002.
[2] Virilio, Paul. Cibercultura, una política suicida.