2.- DE BERNAYS A CHOMSKY

 

            El director de documentales Adam Curtis, de la BBC, tiene el muy especial mérito de haber convertido la filosofía política en alternativa de entretención televisiva. Con su documental “The Power of Nightmares” en tres capítulos logró impactar al público británico a fines de 2004 – y retransmitida en febrero de 2005, a tal nivel que sería invitado de manera especial a proyectarlo en Cannes con premio ad-hoc.

            Su propuesta es simple pero laberíntica. Argumentada con gran audacia cinematográfica y maestría metafórica, refuerza con entretenimiento visual altamente informativo, y lenguaje directo, lo que de otro modo sería mayormente cátedra. Este documental apareció en medio del ruido en torno de la película documental de Michael Moore Fahrenheit 9/11. Aunque supera la calidad del film de Moore, se encuentra en el mismo curso de colisión con las versiones que representan la administración Bush y el sistema de seguridad global auspiciado entre otros por la AIPAC (America’s Pro Israel Lobby).

            Tal como se señala en un ensayo anterior[1], en el proceso de transformaciones de la inteligencia en EEUU desde 2001, aparecía el profesor de la Universidad de Chicago, Leo Strauss, como el mentor filosófico político de la administración de los neoconservadores. Adam Curtis toma estos antecedentes y los anima con una historia de cómo los neoconservadores practican una política de miedo y aterrorizamiento de su población a partir de la manipulación mediática de los mensajes, y a partir de una visión paranoica y espejeante de la realidad. Y cómo, en esta creación artificiosa del miedo han desarrollado un camino histórico común con los propios fundamentalistas musulmanes. Pero este camino común tiene en el caso de los islamistas un precursor similar a Leo Strauss, se trata de Sayyid Qutb, quién llegó de manera paralela a las mismas conclusiones que Strauss hacia 1950, tras haber realizado estudios en Estados Unidos. Qutb creó una organización secreta de islamistas que se oponían a la inserción de los valores liberales norteamericanos a las sociedades islámicas, para ello se utilizaría el terror contra las instalaciones del gobierno laico buscando paralizarlo con la expectativa que las masas se levantarían en apoyo a una revolución islámica. Pero su organización fue descubierta y Qutd fue condenado a la horca. Sin embargo Qutb ya había sembrado la semilla del fundamentalismo islámico, basado en una idea de odio al liberalismo especialmente encarnado por Estados Unidos.

            Curtis desarrolla la trama de 50 años de la idea neoconservadora, la idea de que el liberalismo es un enemigo disolvente de las sociedades, y que debe ser combatido por el recurso a crear ficciones capaces de mantener a la masa unida en torno de un objetivo común, un objetivo que unifique un espíritu común frente a un enemigo común. Sin ese miedo las sociedades liberales tienden a disolver sus valores tradicionales y esa es la peor amenaza para los neoconservadores y también para los islamistas.

           Durante la Guerra Fría la sociedad norteamericana había sido adoctrinada a temer al enemigo comunista, y para ello se crearon técnicas de guerra psicológica que permitieran mantener a la población en un estado de paranoia continua. Sin embargo, una vez desaparecida la amenaza soviética, la guerra psicológica necesitaba otro enemigo que llegará a llenar el vacío existencial de los neoconservadores. Y ese enemigo ya había sido engendrado partir de los ideales de Sayyid Qutb. El terrorismo se convertiría en el mensaje clave en esta nueva guerra psicológica.

            Invito al lector a darse un tiempo para ver este documental de Adam Curtis, allí los argumentos señalados son graficados con gran maestría a través de la revisión de impactantes imágenes de archivo y reveladores testimonios de los actores mismos, tanto neoconservadores como islamistas.

           Pero el documental de Curtis que más nos interesa es otro, The History of the Self, de 2002, en cuatro capítulos. Esta extraordinaria obra nos cuenta la historia de cómo a partir de las ideas de Sigmund Freud sobre el inconsciente, su sobrino Edward Bernays, agente corporativo, creó las Relaciones Públicas como especialidad y cuasi ciencia, dando inicio con ello a la construcción artificiosa del mundo.

Bernays puso en práctica desde el mundo corporativo un sistema de conocimientos y técnicas que le permitían la manipulación de las percepciones y deseos a escala masiva, en las sociedades industriales hacia 1920. Mediante un giro programado transformó la democracia de masas estadounidense, pasando de estar integradas por ciudadanos orientados políticamente, a estar integradas por consumidores, orientados económicamente (mass consumer democracy).

          En el desarrollo de las relaciones públicas la familia Freud tendrá un lugar destacado por ayudar a consolidar una visión psicológica social hegemónica durante el siglo XX, que tendrá un rol definitorio en el desarrollo de la publicidad corporativa, los medios de comunicación y de grandes marcas hasta el día de hoy. Pero que, además, definirá los estándares de la guerra psicológica. “Esta serie (de documentales) se trata de cómo aquellos en el poder han usado las teorías de Freud para tratar de controlar a las peligrosas muchedumbres en las democracias de masas”

            Bernays, sobrino de Freud fue quién presentó a las corporaciones y el gobierno cómo era posible manipular a las masas usando el vínculo entre los productos de la era industrial con los deseos íntimos de los sujetos, incluso les enseñó cómo era posible crear esos deseos a partir de productos innecesarios y del vínculo entre esos productos y esos deseos inconscientes.

            El inconsciente freudiano se transformó así en un componente de primera importancia desde el punto de vista de la Teoría de la Dominación, pues no sólo es posible manipular el consumo a partir de los deseos inconscientes. El inconsciente era de hecho políticamente peligroso, puesto que los estallidos de violencia social que podían destruir un gobierno, un estado e incluso la sociedad misma, se encontraban alojados en los deseos íntimos que todos llevamos ocultos. Siendo el deber de aquellos que gobiernan el controlar estos deseos ocultos y cursarlos hacia manifestaciones controladas, en este caso hacia el consumo.

            El objeto político de la manipulación de las masas era convertir a los sujetos en ‘máquinas felices’, incapaces de cuestionar el orden político, puesto que se encontrarían concentrados en sus propios deseos personales, los que estaban orientados hacia objetos de deseos, es decir, hacia productos. A partir de esta concepción de la dominación, en la cual tanto las corporaciones como el gobierno de Estados Unidos podían confiar y obtener utilidades, comienza a forjarse la identidad entre las ideas de libertad y ‘the american way of life’, es decir, estas ideas lograron consolidar la propia concepción de la identidad nacional norteamericana como una sociedad compuesta de consumidores felices que hacían las veces de motor de la prosperidad económica.

            La ingeniería del consenso (engineering of consent) propuesta por Bernays se transformaría en el lema de la democracia, en el método para controlar los deseos irracionales de las multitudes, sin embargo, tanto la caída de los valores en 1929, y la crisis social derivada, así como la elevación –consecuente– del III Reich, demostrarían que el poder irracional de los sujetos y de la sociedad que componen estaba lejos de ser controlado por medio de esta ingeniería.

            Joseph Goebbels, líder de la propaganda nazi, se reconocía como un lector atento de Bernays, aunque la visión política difería de la de aquel. El objeto de Goebbels era controlar los deseos irracionales de la masa y concentrarlos hacia el alineamiento con el líder, quién, en definitiva encarnaba el poder violento de la masa y era capaz de transformarlo en energía política para el movimiento.

            A partir de la Segunda Guerra Mundial las ideas de manipulación psicológica de las masas derivarían en un nuevo canon: la Guerra Psicológica. En realidad existe un continuum entre la psicología social orientada a la dominación a partir del consumo, y lo que conoceríamos como guerra psicológica (psywar), Veamos como lo concebía  el presidente Dwight Eisenhower hacia 1952:

            “Nuestro objetivo en la guerra fría no es conquistar o someter por la fuerza un territorio. Nuestro objetivo es más sutil, más penetrante, más completo. Estamos intentando, por medios pacíficos, que el mundo crea la verdad. La verdad es que los americanos queremos un mundo en paz, un mundo en el que todas las personas tengan oportunidad del máximo desarrollo individual. A los medios que vamos a emplear para extender esta verdad se les suele llamar “guerra psicológica”. No se asusten del término porque sea una palabra con cinco sílabas. La “guerra psicológica” es la lucha por ganar las mentes y voluntades de los hombres”[2]  

            Las técnicas de control psicológico de los deseos y temores inconscientes serán entonces entendidas como ‘armas psicológicas[3]. Durante la guerra fría  la guerra psicológica se usará para potenciar los temores al comunismo en los países sujetos a intervención a partir del uso de la mentira táctica, la propaganda negra. La creación de propaganda negra de cuño científico, implicará el inicio del manejo de las percepciones de las masas y los sujetos a partir de la ficción táctica de los equipos de operaciones psicológicas que realizaban la psywar en distintos puntos del planeta.

            Una vez más invitamos al lector a que vea este documental de Curtis, en él encontrará aun mayores detalles con imágenes de época y testimonios de los psiquiátricos protagonistas del siglo XX. De momento espero que la figura de Bernays haya sido entendida en su centralidad para la sociedad contemporánea, especialmente considerando que vivió 103 años. Finalmente baste decir que el Golpe de Estado de 1954 contra Jacobo Arbenz, presidente electo de Guatemala, fue orquestado por un grupo de operaciones psicológicas dirigido por el propio Bernays[4].

Si Edward Bernays ha sido el padre de la psywar y de la ingeniería del consenso, que creó las condiciones para la construcción artificiosa del mundo a escala industrial desde el poder corporativo y gubernamental, Noam Chomsky ha sido el principal opositor a esta forma de construir la realidad. Y no es casualidad que Chomsky sea considerado el lingüista más importante del siglo XX y el más importante hoy vivo. Precisamente puesto que una vez que hemos entendido que existe la construcción artificiosa del mundo, sabemos que la única forma de oponerse a este movimiento hegemónico ha sido la propia semántica; es decir, la propia claridad política e histórica para deconstruir tanto la programación mental organizada por la ingeniería del consenso, como la organización de un sentido histórico que trata de deconstruir la propia Historia, destruyendo o minando los argumentos tácticos de la psywar y de la propaganda negra que han pasado a constituir ‘hechos históricos’. Deconstruyendo a partir de una voluntad de verdad que ha contado con la colaboración de gran cantidad de intelectuales en los últimos 50 años.

Más importante aún ha sido el poder de Chomsky y otros para convencer a los propios burócratas y agentes involucrados en la operaciones psicológicas (psywar y la propaganda negra), para filtrar información clave que ha permitido desdibujar el manto artificioso de la realidad.

Sin embargo, tanto el poder corporativo, como de los gobiernos, y su compromiso con la construcción artificiosa del mundo, tiene la cualidad de estar esparcido a escala global, en esta condición las claridades de Chomsky pueden ser absorbidas por la ficción y quedar limitadas a un pequeño circuito de lectores.

            En lo personal considero a Chomsky el principal sociólogo político vivo, sin embargo nunca se le ha considerado tal, no ha recibido ningún doctorado en esta especialidad, etc. Dentro de la construcción artificiosa del mundo la Ciencia, los límites de las especialidades, la hegemonía de las voces autorizadas participan de la ingeniería del consenso. Por ello no debe extrañarnos que Chomsky esté ausente en las bibliotecas de ciencias políticas y militares, historia y sociología.

                Paradójicamente, como trataré de establecer, la lectura de Chomsky en obras como La quinta libertad, La segunda guerra fría, o Los guardianes de la libertad, al presentar la ficción al descubierto con hechos asombrosos, grotescos y a menudo aterrorizantes, parece que, en vez de limitar el poder de construcción artificiosa del mundo, en realidad aumenta el poder artificioso de los agentes en el poder gubernamental y corporativo. Aquí es necesario volver a Borges y Carroll.

 

Capítulo



[1] Cerda Seguel, Diego, Transformaciones Estratégicas de la Inteligencia en Estados. En: AAInteligencia.cl, marzo de 2005.

[2] Citado en: Saunders, Frances Stonor, La CIA y la guerra fría cultural. Editorial Debate. España, 2001. Pag. 212. Es importante considerar el nombre original de esta obra:  Who pays the piper?, traducido como ¿Quién pagaba al gaitero?

[3] Watson, Peter. Guerra, persona y destrucción: usos militares de la psiquiatría y la psicología. Editorial Nueva Imagen. México, 1982. .

[4] Curtis, Adam. The Century of the Self. Capítulo 2. BBC. 2002.