1.- INTRODUCCION
Inside-job (trabajo
interno), coloque esta frase en Google, no olvide el guión entre ellas y de
inmediato entenderá el ascendiente que tiene la teoría de que el 11-9-2001 fue
un plan orquestado por algún grupo de poder dentro de las estructuras del
gobierno de EEUU. Esta espantosa teoría de complot tiene como pilar principal
el precario informe de la comisión investigadora creada para clarificar lo
sucedido. Este hecho plantea un suelo para el análisis que se desarrollará a
continuación. Para quién escribe, este hecho no es lo relevante por su
contenido (la destrucción de miles de vidas, pérdida del estado de derecho, una
mafia descabellada invadiendo países, etc.), sino por la forma de construcción
de la Historia, y no nos referimos a un modus operandi estándar que
hayamos descubierto, nada de eso, planteo un mucho más sutil encadenamiento de
razones y sinrazones que son parte de la construcción artificiosa del mundo.
Para que el lector
comprenda mejor este escrito desde un comienzo debe entenderse la centralidad
de una lógica abyecta que es la única que puede servirnos para hilar
este ensayo, por ello debemos tener en cuenta al menos dos autores centrales
para no sentirnos extraviados del todo, Lewis Carroll y Jorge Luis Borges. No
pretendo hacer excurso de ellos, solo espero que el lector los conozca y
recuerde la experiencia intensa que implica su lectura, ese desorden de las
nomenclaturas y los sentidos que logran construir sentido en nuestro cerebro e
imaginación, a pesar que fuera del texto y de la experiencia de lectura, los
contenidos planteados por esas ficciones sean impracticables, y la sola
posibilidad de pensar esas ficciones como realidad, resulta en un rompecabezas
que difícilmente podemos componer. Sin embargo, la lógica abyecta de Borges y
Carroll, nos ha preparado para entender el mundo de hoy como una construcción
artificiosa, pero real y operativa.
Al referir la lógica abyecta no pretendemos un
calificativo negativo de la lógica, sino un entendimiento en el cual la lógica
es torcida por los eventos, por las versiones de ellos, por la intencionalidad
de los grupos de interés, por las acciones encubiertas, y por los procesos y
accidentes que liberan información que permite rearmar y clarificar los puzzles
de la Historia. La lógica abyecta podría entenderse como lógica flexible, sino
fuese por que la flexibilidad a la que refiere implica violencia y
planteamientos ofensivos respectos de los hechos y tendencias históricas que
han sido ficcionadas. Hay aun mucha información crucial de la que no
disponemos, allí debemos rellenar con conjetura y proveer sentido incorporando
los trazos oscuros utilizando esta lógica flexible.
Esta lógica no pretende reemplazar los tejidos de la
Historia ya compuesta, más bien busca comprender otro tipo de tejido histórico
derivado de la vivenciación cotideana de lo actual.
La existencia de
esta nueva era de la globalización, en la que el mundo ha quedado conectado
bajo los parámetros de la inmediatez, la instantaneidad y la ubicuidad, ha
creado las condiciones para una nueva forma de vivenciación del espacio y el
tiempo como aquí y ahora permanente, esta afirmación no es una
metáfora de esta inmediatez, sino que constituye un fundamento operativo de la
globalización[1].
Esta condición se describe como la absorción del tiempo por parte del
espacio, en la cual todos los tiempos tienen el potencial de existir en
cada momento, siendo citas posibles sacadas tanto del pasado, del presente,
como del futuro, dentro de un espacio estratégico denominado plano estratégico
global o, simplemente el diagrama.
La citación de un evento pasado lo actualiza y lo convierte en potencia del presente, es decir, llanamente en función del presente y de aquella voluntad que lo cita como vector de sus intereses y objetivos. La globalización como imperativo estratégico no se permite un solo espacio sin intención, que no sea el definido por los accidentes.
Sobre el gran
diagrama global de intenciones, intereses, objetivos, competencias y
confrontaciones, dibujados como estrategias generalizadas, todo tiempo
pasado tiene el valor de su uso, que se ha definido como el derecho a la
re-interpretación de los hechos, que no es sino la actualización del evento
para fines de una voluntad.
No hablamos ya de la Historia como el lugar donde holgar
de la comprensión de los momentos definitorios de la humanidad, para yacer
extático en sus fascinantes coágulos de tiempo. No. Hablamos de la historia
como momento comprensivo, siempre actual y siempre crucial que se necesita para
resolver hoy cuestiones específicas, en cualquiera de los ámbitos de las
estrategias basadas en el conocimiento. Es decir: la construcción
artificiosa del mundo que se plantea es parte de ésta lógica comprensiva y
apropiante, no sólo desde el punto de vista aclaratorio de cada actualidad a
partir de la Historia y de las historias (voluntad de verdad[2]),
sino también –y especialmente para lo que aquí tratamos– como voluntad de
confusión para la actualidad: como voluntad de usar los tiempos posibles
(pasado presente y futuro) para fines en la actualidad estratégica, allí donde
la verdad es secundaria y el fin estratégico lo es todo.
Por ello se trata de una confusión irrelevante, en el
sentido que no complica la ocurrencia de la actualidad ni su operación, puesto
que la actualidad misma está construida de esta confusión, a medias
autoconsciente, a medias auto santificada como la Realidad Real, para el
contexto existencial del plano estratégico global, con todos sus agentes,
sujetos, instituciones y masas sociales.
Efectivamente
afirmamos que se trata de la Realidad Real, donde las coordenadas estratégicas
globales tienen sentido, pero en este mismo sentido se encuentra restringida a
esta actualidad estratégica. Dentro del aquí y ahora permanente, son
los diagramas estratégicos los que devienen y no el tiempo, es decir, es la
configuración de competencias, confrontaciones y accidentes la que dibuja el
espacio estratégico de la actualidad y define los elementos utilitarios de la
Historia y de las historias que puedan servir a los fines de cada voluntad
estratégica.
Con base en este
entendimiento se patenta con más claridad la construcción artificiosa del
mundo. Las coordenadas del mundo no son las que se erigen en base a la verdad-histórica,
sino la que establece la actualidad en un campo de competencias bajo los
parámetros del tiempo real.
En este contexto intemporal, el futuro también es y puede
ser una citación del presente, no solo porque hayamos superado la ciencia
ficción, y sea cada vez más difícil concebir algún futurismo no pensado y
propuesto ya. Si no porque la capacidad diagramática de los actores
estratégicos genera programaciones que dibujan el mañana, y con ello lo hacen
existir como presente –aunque programado; es decir, como virtualidad
diagramática.
Es en el nivel
diagramático donde que se manifiesta el poder estratégico de los actores; no
solo se programan cosas, productos, edificaciones, innovaciones, experimentos,
megaproyectos, etc. también es posible programar el curso de la historia, o más
precisamente de las historias que determinan la cotidianidad y el destino de
las personas.
[1] Cerda Seguel, Diego, “Apreciación Geopolítica de la Región Sudamericana”. Investigación ANEPE 2006-2007. En: Biblioteca ANEPE.
[2] Nietzsche, F. Sobre Verdad y Mentira en el Sentido Extramoral. http://www.nietzscheana.com.ar/sobre_verdad_y_mentita_en_sentido_extramoral.htm